Perú atraviesa una fuerte crisis energética tras la ruptura de un gasoducto que transporta gas natural desde el yacimiento de Camisea, el principal centro gasífero del país. La falla en la infraestructura interrumpió el suministro de líquidos de gas natural, insumo esencial para la producción de gas licuado de petróleo (GLP), lo que generó escasez y un aumento considerable en el precio de las garrafas de gas doméstico.
La emergencia comenzó a inicios de marzo cuando se registró el daño en el ducto operado por Transportadora de Gas del Perú (TGP). A partir de ese momento, el abastecimiento energético se redujo de forma significativa y especialistas consideran que se trata de una de las crisis más graves del sector en más de dos décadas.
El impacto se siente principalmente en el mercado del gas envasado. En ciudades como Lima y Callao, los distribuidores informaron que reciben solo alrededor del 40% del suministro habitual, lo que provocó una rápida subida de precios y dificultades para conseguir garrafas.
Antes de la crisis, el precio del gas doméstico en Perú variaba entre 31,5 y 69 soles por garrafa, equivalentes aproximadamente a entre 88 y 193 bolivianos según el tipo de cambio en zonas fronterizas. Sin embargo, con el desabastecimiento los costos comenzaron a elevarse y actualmente en varios distritos de Lima se reporta que el precio alcanza los 80 soles, es decir cerca de 224 bolivianos.
En algunos barrios populares el valor incluso llega a los 90 soles, aproximadamente 252 bolivianos. Comerciantes y distribuidores advirtieron que, debido a la escasez y a la especulación en el mercado, el precio podría llegar hasta los 100 soles por garrafa, cerca de 280 bolivianos.
La falta de gas afecta directamente a millones de hogares peruanos que utilizan GLP para cocinar. También impacta en el transporte y en pequeños negocios, ya que muchos vehículos funcionan con gas natural vehicular. Ante la reducción del suministro, varios conductores comenzaron a utilizar gasolina o GLP, lo que incrementó la presión sobre otros combustibles.
Además, el aumento del precio del gas comenzó a afectar a pequeños restaurantes y a iniciativas comunitarias. En algunos barrios de Lima, las denominadas “ollas comunes” tuvieron que volver a cocinar con leña debido al alto costo del combustible.
La situación también genera preocupación en Bolivia debido a la gran diferencia de precios entre ambos países. Mientras en Perú una garrafa puede alcanzar hasta los 280 bolivianos, en Bolivia el precio subvencionado se mantiene en 22,5 bolivianos.
Esta brecha podría incentivar el contrabando de gas boliviano hacia territorio peruano, especialmente en zonas fronterizas donde históricamente ya se registraron casos de salida ilegal de combustibles subvencionados. Las autoridades y analistas advierten que el fenómeno podría intensificarse si la crisis energética en el país vecino se prolonga.
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